Desperté sobresaltado.
Abrí los ojos, con la sensación de haber olvidado algo, o de haber perdido algo.
No, mi mochila aún estaba conmigo, en el asiento de al lado.
El autobús en el que viajaba estaba dentro de un túnel que no reconocí. Las luces de las paredes del túnel emitían un resplandor entre amarillento y anaranjado.
¡Diablos! Me había quedado dormido en el autobús de camino al trabajo, dejando atrás la parada donde siempre bajo. Me despabilé y miré en torno dentro del autobús. Al parecer me había quedado dormido ya un buen rato, porque ya casi no había pasajeros, iba casi vacío, cuando que aún va lleno cuando bajo en mi parada.
Salió del túnel y brilló el sol. Estimando la hora por la claridad que daba el sol, aún no era muy tarde, sería media mañana cuando mucho. Raro, el boulevard no iba a reventar de automóviles y otros autobuses como va siempre, en realidad, estaba casi vacío. Alcancé a ver dos autos que iban en la misma dirección que el autobús, y otros tres autos que pasaron en dirección contraria. No reconocí esa parte de la ciudad, si bien íbamos bordeando el parque que me es conocido. Me levanté del asiento y sin prestar atención al chofer, en la primera parada me bajé, nadie más bajó, solo yo. Al bajar me pareció que dentro del autobús solo quedaron dos o tres pasajeros más. Eso fue otra cosa rara.
Debía cruzar el boulevard para tomar otro transporte de regreso. Creo que fue en ese momento en que percibí que algo iba mal: además de que casi no había tráfico (no recuerdo haber visto pasar ningún vehículo en los segundos que estuve allí parado), además de eso, casi no había ruido, ni de la ciudad ni de los motores de los autos que seguramente debían andar por allí. Incluso recuerdo haber escuchado cantar un pájaro.
Había un puente peatonal que cruzaba casi por encima de donde estaba parado. Para subir a él debía pasar por una entrada que lucía obscura, que estaba en la base del puente, pero la base era más grande que lo necesario para ser solo la entrada del puente. Debía albergar algún tipo de comercio en su interior.
Del otro lado de la base del puente peatonal, la cinta gris de asfalto de una avenida se extendía interminable hacia ambos lados, más allá de donde podía ver. Con dos carriles de ida y dos de venida, divididos por la línea blanca intermitente común, separados por un camellón angosto cubierto de pasto descuidado. Hacia la izquierda, que era más o menos para donde debía ir yo, la avenida bajaba para desaparecer muy a lo lejos tras una pequeña loma, y hacia la derecha subía para terminar en una loma más cercana. Y estaba igual de vacía que el boulevard. No recuerdo haber visto que circulara ningún auto mientras estuve ahí.
Esta parte estaba a desnivel de donde me había bajado del autobús: el boulevard quedaba un piso arriba de donde ahora me encontraba. Así que la entrada en la base del puente me había llevado hacia abajo y no hacia arriba, hacia el puente.
De este lado era un edificio que, del otro lado, era la base del puente. De este lado parecía más bien un paradero de autobuses, con puertas de cristal reflejante y molduras blancas de aluminio, con un área de estacionamiento al frente. Pero no había ninguna forma de subir al puente peatonal. Alcanzaba a verlo desde allí, como si saliera desde el techo del edificio. No vi ningún autobús circulando, y para el caso, ningún otro vehículo.
Hacia mi izquierda, en el centro del camellón de la avenida, allá lejos, estaba una estación del tren subterráneo. Una construcción que semejaba una lata de concreto chaparra. Se llegaba a ella desde ambos lados de la avenida por otro puente peatonal que cruzaba toda la avenida. No alcancé a ver a nadie que entrara o saliera. En el tren subterráneo bien podía acercarme al trabajo, pero estaba demasiado lejos la estación-lata de concreto como para que me apeteciera ir caminando.
Enfrente del paradero estaba una especie de oficina militar, de un solo piso. Al menos la entrada estaba custodiada por soldados como para hacerme pensar que era una oficina militar. Fuera de los soldados, no había ningún cartel o anuncio que mencionara qué asuntos se manejaban allí. Me acerqué para que me orientaran acerca de qué camino seguir para ir al trabajo. En la entrada estaban tres soldados de uniforme color caqui, calzados con botas negras y con el fusil al hombro. Ni me cuestionaron ni me pusieron traba alguna para dejarme pasar. En el interior estaban cinco mujeres esperando ser atendidas. De aspecto indígena, con el cabello peinado en trenzas obscuras, con blusas claras y faldas con volantes de colores. Tres de ellas cargaban a su hijo dentro de su rebozo, que llevaban colgando a su espalda sobre su hombro. No había nadie más. No me prestaron más atención que el solo mirarme cuando entré. Como no había quien atendiera, ni a quien preguntarle, salí de nuevo a la avenida.
Podía intentar cruzar de nuevo por este lado del paradero de autobuses esperando subir al puente peatonal y cruza el boulevard para tomar allá un autobús que me llevase de regreso. Opté por preguntar entonces a los soldados. Uno de ellos me señaló una calle perpendicular a la avenida, que comenzaba de este lado de la calle (no me percaté de que existiera ninguna otra calle sobre la avenida, ni cerca ni lejos).
Caminé hacia la entrada de la calle. Era una calle con casas que tenían jardines al frente y estaban cercadas por rejas pintadas en colores blanco o amarillo. Cinco o seis casas desde la entrada, la calle torcía a la derecha. Caminé y doble la esquina. Acá la calle se convertía en un crucero que recuerdo haber visto antes en algún sueño.
Entonces pasó a mi lado, como salido de la nada, un autobús. Me pareció que era el de la ruta que podía dejarme en mi parada habitual. Pero pasó antes de que yo pudiera pensar siquiera en hacerle la parada.
Caminé adentrándome en la calle-crucero. Más adentro pasaban unas camionetas de pasajeros, que bajaban entrando por un túnel fuera de mi vista y salían de este lado para continuar su camino hacia mi derecha.
Cuando estuve a la altura de lo que debía ser la entrada del túnel por el que entraban las camionetas, no lo vi. En su lugar encontré un camino que era solo un andador peatonal que cruzaba un jardín, y bajaba tres escalones que daban a una puerta obscura, cerrada, en donde yo estaba seguro de haber visto que entraban las camionetas.
Entonces pasó otro autobús, y esta vez alcancé a hacerla la parada. El autobús, pues estaba seguro de que eso era cuando subí, parecía más grande por fuera que por dentro. Una vez que estuve arriba del autobús, vi que éste tenía más bien el tamaño de una camioneta grande de pasajeros. Pero cuando había visto el autobús al hacerle la parada, me había parecido de un tamaño normal, como todos los que abordo diario de camino al trabajo. Pero ya fijándome bien, en realidad el autobús-camioneta ni siquiera era eso, era una especie de carro de paseo de feria, de esos que no tienen puertas ni ventanas, solo asientos como para turistas y con un toldo de lona como techo.
No sé cómo, pero el carro de turistas entró en una de las casas, que terminó siendo una especie de museo que me pareció reconocer. Sí, ya antes había estado allí, paseando tomando de la mano a mi esposa y con mis hijos. Incluso pude ver dos o tres de los jarrones pintados por mi madre. ¿O no? De haberlos levantado, ahora no estoy muy seguro de haber hallado su firma en la base de ellos.
El autobús-carrito de feria circulaba dentro del museo, por salas abiertas a los turistas que recordaba haber visto cerradas cuando paseé antes, en algún tiempo en la prehistoria.
Como sea, el carrito de feria no me iba a llevar de regreso al trabajo, así que me bajé y salí de nuevo a la calle de las casitas cercadas por rejas. Regresé por donde había venido, de vuelta a la avenida con la oficina militar, con el paradero de autobuses enfrente, y que continuaba vacía. No había un alma fuera de los tres soldados uniformados de caqui que estaban a la entrada de la oficina militar. Con el puente peatonal allá arriba, inalcanzable.
Fue en ese momento cuando intenté recordar cómo había llegado hasta allí.
Hice memoria y no, no recordaba haber despertado aquella mañana. No recordaba haberme levantado de la cama, ni recordaba haberme vestido o haber tomado el desayuno. Tampoco recordaba haberme despedido de mi esposa como todas las mañanas, ni haber salido de casa.
Lo primero que recordaba de aquel día raro era aquel despertarme dentro del autobús, dentro del túnel, con aquella sensación de haber olvidado o perdido algo, sensación que pasó en ese momento de ser una ansiedad vaga a irse convirtiendo ahora en un dolor notable en el centro de mi estómago. ¿Me habría despertado por la mañana, o estaba aún durmiendo, soñando?
Otra cosa de la que me percaté en ese momento es que el sol seguía en el mismo lugar que cuando lo había visto dentro del autobús cuando había despertado. Era media mañana aún, pero podía jurar que debía ser ya la tarde juzgando por el tiempo que había transcurrido desde que me había bajado del autobús. Como no llevo reloj, no podía saber qué hora era, y no había nadie a quien preguntarle la hora.
¿Y si estaba aún soñando que estaba despierto? ¿Y si estaba soñando que había despertado camino al trabajo?
¡Quiero despertar!
¡Que alguien me ayude a despertar!
lunes, 6 de febrero de 2012
jueves, 29 de diciembre de 2011
Guerra y Paz, León Tostoi
En junio de 1812, Napoleón se adentró en Rusia al mando de alrededor de 600,000 hombres y con más de 50,000 caballos. Su plan era concluir la guerra dentro de 20 días, derrotando a los rusos al forzarles a pelear en una gran batalla. Cuando alcanzó Moscú, en septiembre, más de 200,000 soldados franceses ya habían muerto. Napoleón cruzó hacia Polonia,derrotado, a inicios de diciembre del mismo 1812, con menos de 100,000 soldados de su ejército.
En la derrota de Francia en su campaña contra Rusia (1812), se tiene presente la logística con que Napoleón distribuía su ejército como falla principal: cuerpos móviles que podían concentrarse allá a donde se requirieran, generalmente para conformar el gran ejército en un solo cuerpo. Para evitar que las tropas fueran retrasadas por los carros de suministros, Napoleón insistía en que sus tropas se auto abastecieran lo más posible de los campos por los que transitaban (mientras que un soldado podía marchar de 15 a 20 millas al día, un carro de suministros estaba limitado a avanzar entre 10 y 12 millas al día). Estas unidades cuasi autónomas, moviéndose tan rápido como les era posible por distintos caminos, abasteciéndose a sí mismas de lo que encontraban en los caminos por los que pasaban, se movían ágiles, y coincidían frescas en su objetivo. Así se manejaban en Europa, pero, al adentrarse en Rusia, al toparse con pocos caminos por los que circular, malos y sin mantenimiento, tuvieron que avanzar por los mismos caminos los distintos cuerpos militares; así, mientras los primeros cuerpos que avanzaron pudieron abastecerse de lo que iban encontrando, no pudieron hacer así los siguientes cuerpos militares que transitaban por los mismos caminos: ya no encontraron con qué abastecerse.
León Tolstoi (Lev Nikolaevich Tolstoi) nos regala su visión de este acontecimiento en la Guerra y Paz (1869); en la parte I del capítulo V:
"¿Por qué había llevado Bonaparte sus ejércitos a Rusia? Porque estaba escrito que iría a Dresde, que la adulación lo trastornara, que se pondría un uniforme polaco, que sufriría la influencia embriagadora de una hermosa mañana de junio y, por fin, que la cólera había de dominarle en presencia de Kurakine y de Balachoff.
Considerábase ofendido personalmente, Alejandro se negaba a entablar negociaciones; Barclay de Tolly ponía todo su cuidado en mandar bien su ejército, no sólo por cumplir a conciencia su deber sino también para conquistar fama de gran capitán; porque habíale sido imposible resistir al deseo de dar una buena carrera al galope sobre una hermosa llanura... y así obraban todos, impulsados por sus disposiciones particulares, por sus costumbres o por su deseo. Sus temores, sus vanidades, sus alegrías, sus críticas, todos aquellos sentimientos, creyendo proceder a su libre albedrío, eran los instrumentos inconscientes de la historia. Tal es la suerte invariable de todos los agentes, tanto menos libres en su acción cuanto más elevada es su jerarquía social.
Los hombres de 1812 han desaparecido ya de sobre la tierra; sus intereses del momento no han dejado ningún rastro; pero los efectos históricos de aquella época son visibles y comprendemos por qué la Providencia asignó a cada individuo una misión que cumplir en la obra colosal, de que ni ellos, ni Alejandro, ni Napoleón tenían seguramente idea.
Ocioso sería discutir ahora las causas que ocasionaron el desastre de los franceses: sin duda alguna, su entrada en Rusia en un estación demasiado avanzada, la ausencia de preparativos para una campaña de invierno, y el carácter mismo de la guerra como el incendio de las ciudades y la excitación al odio hacia el enemigo en el pueblo ruso, fueron otros tantos disparos que minaron el pedestal en que descansaba la gloria del ambicioso Bonaparte.
Un ejército de 800,000 hombres, el mejor del mundo, a cuya cabeza figuraba el más grande capitán del siglo, no debía ni podía sucumbir a manos de un enemigo débil, guiado por generales inexpertos; lo que nos admira hoy, no llamaba la atención de los contemporáneos, y los esfuerzos de los rusos y de los franceses tendían, por el contrario, a paralizar constantemente sus esperanzas de salvación. Los historiadores franceses que refieren esta campaña, han pretendido probar que no pasó inadvertido a Napoleón el peligro que entrañaba el internarse en Rusia, que lo que buscaba era librar batallas, que sus mariscales le invitaban a detenerse en Smolensko... etc, etc. Los autores rusos, por su parte, sostienen que, desde el principio de la invasión, la táctica de sus compatriotas se redujo a atraer, al modo de los escitas, a Napoleón al centro mismo del Imperio, y aducen, en apoyo de su opinión, un buen número de suposiciones y de deducciones sacadas de los acontecimientos que en aquella época se desarrollaron; pero estas suposiciones y estas deducciones carecen de valor, porque los hechos las desmienten.
Y, efectivamente, ¿qué es lo primero que vemos? Nuestros ejércitos sin comunicación entre sí, queriendo reunirse, aunque esa reunión no ofrece ninguna ventaja; el campamento de Drissa fortificado según la teoría de Pfuhl, con la idea bien determinada de no retirarse más allá; el emperador siguiendo al ejército, no con el propósito de ordenar la retirada, sino con el de animar a los soldados con su presencia, y disputar cada pulgada de terreno al invasor, sin dejar de censurar al general en jefe que sigue retirándose. ¿Cómo hubiera podido imaginarse un solo momento que Moscú iba a ser incendiado, o siquiera que el enemigo había entrado ya en Smolensko? Su irritación se desborda al enterarse de que no se ha librado ninguna batalla, a pesar del encuentro de los ejércitos, y que Smolensko ha sido tomada e incendiada. Los militares y el pueblo se indignan también de esa retirada incesante... y mientras tanto los hechos se cumplen, no por el zar o en virtud de un plan en el que nadie cree, sino a consecuencia de las intrigas, de los deseos y de los esfuerzos de los que obran impulsados por interés propio, o de los que ignoran lo que hacen.
Deseando los rusos reunir sus dos ejércitos antes de librar ninguna batalla, se retiraron hasta Smolensko, arrastrando a los franceses en su persecución; pero esta maniobra no obtiene el resultado apetecido, porque Barclay de Tolly es un alemán impopular; porque Bagration, que manda el segundo ejército, y que le aborrece, se resiste a someterse a las órdenes de un inferior, y retrasa todo lo posible esa unión de fuerzas. La presencia del emperador, lejos de despertar el entusiasmo, fomenta la discordia y destruye toda unidad de acción; Paulucci, que ambiciona el grado de general, consigue influirle; el plan de Pfuhl queda abandonado y la dirección del conjunto de las operaciones es confiada a Barclay de Tolly, a quien, por inspirar poca confianza, se le ponen limitaciones. Gracias a estas divisiones intestinas, a esas rivalidades y a la impopularidad del general en jefe, se hace imposible librar un combate decisivo, y mientras la irritación general aumenta, y con ella el odio de los alemanes, el sentimiento patriótico se despierta violentamente por doquier.
El emperador se separa del ejército, con el pretexto, el único y el mejor que se pudo encontrar, de despertar el entusiasmo del pueblo en las dos capitales, y su permanencia inesperada en Moscú contribuye de un modo eficaz a la organización de la futura resistencia del país.
La situación del comandante en jefe se complica cada día más: Bennigsen, el gran duque y un buen número de generales permanecen a su lado para vigilar sus actos y sostener, si fuera preciso, su energía; pero Barclay de Tolly, creyéndose incesantemente vigilado por el emperador, redobla la prudencia y evita toda batalla.
El cesarevitch censura esta conducta, pronuncia la palabra traición y exige un encuentro inmediato. Lobomirsky, Bronnitzky, Vlotzky y otros alborotan tanto, que, con el pretexto de entregar al emperador documentos importantes, Barclay despacha, uno tras otro, a los ayudantes de campo generales polacos y entra en lucha abierta con el gran duque y con Bennigsen.
A pesar de la oposición de Bagration, los ejércitos se reúnen al fin en Smolensko.
Bagration llega en coche a la casa que ocupa Barclay, y éste se ciñe la banda para recibirle; pero, en un impulso patriótico de abnegación, se somete a Barclay, lo cual no le impide opinar de distinto modo que él. Mantiene correspondencia directa con el emperador, y escribe a Araktcheieff lo siguiente. “A pesar del deseo de mi soberano, no puedo continuar más tiempo al lado del ministro -que de este modo llamaba a Barclay-. En nombre de Dios, enviadme a cualquiera parte o confiadme el mando de un regimiento; pero, por favor, sacadme de aquí. En el cuartel general hay exceso de alemanes que hacen la vida imposible a los rusos; es un barullo completo. Creía servir al emperador y la patria, pero es lo cierto que sólo sirvo a Barclay. No le serviré más; lo declaro francamente.” Los Bronntizky y los Wintzingerode han arrojado la manzana de la discordia entre los comandantes en jefe, impidiéndoles toda unidad de acción. Llega el momento de atacar a los franceses delante de Smolensko; envían un general para examinar la posición y ese general, enemigo de Barclay, pasa el día en casa de los comandantes de cuerpo, y, a su regreso, da un informe desfavorable sin haber visto siquiera el campo de batalla.
Mientras se intriga y se discute cual es el lugar más a propósito para el encuentro, y se procura descubrir dónde están los franceses, éstos caen sobre la división de Neverovsky y llegan hasta colocarse bajo los muros de Smolensko.
No se puede vacilar; para salvar nuestras comunicaciones es necesario combatir. Miles de hombres caen en la contienda y Smolensko queda abandonada contra la soberana voluntad y contra el deseo del pueblo. Los habitantes, engañados por el gobernador, incendian la ciudad. Arruinados y no acordándose más que de sus desdichas personales, se dirigen a Moscú para servir de ejemplo a sus hermanos y excitarles al odio al invasor. Mientras tanto sigue retirándose nuestro ejército, y Napoleón continúa avanzando sin sospechar el peligro que le amenaza... Y de este modo quedaron decididas la pérdida del emperador de los franceses y la salvación de Rusia."
En la derrota de Francia en su campaña contra Rusia (1812), se tiene presente la logística con que Napoleón distribuía su ejército como falla principal: cuerpos móviles que podían concentrarse allá a donde se requirieran, generalmente para conformar el gran ejército en un solo cuerpo. Para evitar que las tropas fueran retrasadas por los carros de suministros, Napoleón insistía en que sus tropas se auto abastecieran lo más posible de los campos por los que transitaban (mientras que un soldado podía marchar de 15 a 20 millas al día, un carro de suministros estaba limitado a avanzar entre 10 y 12 millas al día). Estas unidades cuasi autónomas, moviéndose tan rápido como les era posible por distintos caminos, abasteciéndose a sí mismas de lo que encontraban en los caminos por los que pasaban, se movían ágiles, y coincidían frescas en su objetivo. Así se manejaban en Europa, pero, al adentrarse en Rusia, al toparse con pocos caminos por los que circular, malos y sin mantenimiento, tuvieron que avanzar por los mismos caminos los distintos cuerpos militares; así, mientras los primeros cuerpos que avanzaron pudieron abastecerse de lo que iban encontrando, no pudieron hacer así los siguientes cuerpos militares que transitaban por los mismos caminos: ya no encontraron con qué abastecerse.
León Tolstoi (Lev Nikolaevich Tolstoi) nos regala su visión de este acontecimiento en la Guerra y Paz (1869); en la parte I del capítulo V:
"¿Por qué había llevado Bonaparte sus ejércitos a Rusia? Porque estaba escrito que iría a Dresde, que la adulación lo trastornara, que se pondría un uniforme polaco, que sufriría la influencia embriagadora de una hermosa mañana de junio y, por fin, que la cólera había de dominarle en presencia de Kurakine y de Balachoff.
Considerábase ofendido personalmente, Alejandro se negaba a entablar negociaciones; Barclay de Tolly ponía todo su cuidado en mandar bien su ejército, no sólo por cumplir a conciencia su deber sino también para conquistar fama de gran capitán; porque habíale sido imposible resistir al deseo de dar una buena carrera al galope sobre una hermosa llanura... y así obraban todos, impulsados por sus disposiciones particulares, por sus costumbres o por su deseo. Sus temores, sus vanidades, sus alegrías, sus críticas, todos aquellos sentimientos, creyendo proceder a su libre albedrío, eran los instrumentos inconscientes de la historia. Tal es la suerte invariable de todos los agentes, tanto menos libres en su acción cuanto más elevada es su jerarquía social.
Los hombres de 1812 han desaparecido ya de sobre la tierra; sus intereses del momento no han dejado ningún rastro; pero los efectos históricos de aquella época son visibles y comprendemos por qué la Providencia asignó a cada individuo una misión que cumplir en la obra colosal, de que ni ellos, ni Alejandro, ni Napoleón tenían seguramente idea.
Ocioso sería discutir ahora las causas que ocasionaron el desastre de los franceses: sin duda alguna, su entrada en Rusia en un estación demasiado avanzada, la ausencia de preparativos para una campaña de invierno, y el carácter mismo de la guerra como el incendio de las ciudades y la excitación al odio hacia el enemigo en el pueblo ruso, fueron otros tantos disparos que minaron el pedestal en que descansaba la gloria del ambicioso Bonaparte.
Un ejército de 800,000 hombres, el mejor del mundo, a cuya cabeza figuraba el más grande capitán del siglo, no debía ni podía sucumbir a manos de un enemigo débil, guiado por generales inexpertos; lo que nos admira hoy, no llamaba la atención de los contemporáneos, y los esfuerzos de los rusos y de los franceses tendían, por el contrario, a paralizar constantemente sus esperanzas de salvación. Los historiadores franceses que refieren esta campaña, han pretendido probar que no pasó inadvertido a Napoleón el peligro que entrañaba el internarse en Rusia, que lo que buscaba era librar batallas, que sus mariscales le invitaban a detenerse en Smolensko... etc, etc. Los autores rusos, por su parte, sostienen que, desde el principio de la invasión, la táctica de sus compatriotas se redujo a atraer, al modo de los escitas, a Napoleón al centro mismo del Imperio, y aducen, en apoyo de su opinión, un buen número de suposiciones y de deducciones sacadas de los acontecimientos que en aquella época se desarrollaron; pero estas suposiciones y estas deducciones carecen de valor, porque los hechos las desmienten.
Y, efectivamente, ¿qué es lo primero que vemos? Nuestros ejércitos sin comunicación entre sí, queriendo reunirse, aunque esa reunión no ofrece ninguna ventaja; el campamento de Drissa fortificado según la teoría de Pfuhl, con la idea bien determinada de no retirarse más allá; el emperador siguiendo al ejército, no con el propósito de ordenar la retirada, sino con el de animar a los soldados con su presencia, y disputar cada pulgada de terreno al invasor, sin dejar de censurar al general en jefe que sigue retirándose. ¿Cómo hubiera podido imaginarse un solo momento que Moscú iba a ser incendiado, o siquiera que el enemigo había entrado ya en Smolensko? Su irritación se desborda al enterarse de que no se ha librado ninguna batalla, a pesar del encuentro de los ejércitos, y que Smolensko ha sido tomada e incendiada. Los militares y el pueblo se indignan también de esa retirada incesante... y mientras tanto los hechos se cumplen, no por el zar o en virtud de un plan en el que nadie cree, sino a consecuencia de las intrigas, de los deseos y de los esfuerzos de los que obran impulsados por interés propio, o de los que ignoran lo que hacen.
Deseando los rusos reunir sus dos ejércitos antes de librar ninguna batalla, se retiraron hasta Smolensko, arrastrando a los franceses en su persecución; pero esta maniobra no obtiene el resultado apetecido, porque Barclay de Tolly es un alemán impopular; porque Bagration, que manda el segundo ejército, y que le aborrece, se resiste a someterse a las órdenes de un inferior, y retrasa todo lo posible esa unión de fuerzas. La presencia del emperador, lejos de despertar el entusiasmo, fomenta la discordia y destruye toda unidad de acción; Paulucci, que ambiciona el grado de general, consigue influirle; el plan de Pfuhl queda abandonado y la dirección del conjunto de las operaciones es confiada a Barclay de Tolly, a quien, por inspirar poca confianza, se le ponen limitaciones. Gracias a estas divisiones intestinas, a esas rivalidades y a la impopularidad del general en jefe, se hace imposible librar un combate decisivo, y mientras la irritación general aumenta, y con ella el odio de los alemanes, el sentimiento patriótico se despierta violentamente por doquier.
El emperador se separa del ejército, con el pretexto, el único y el mejor que se pudo encontrar, de despertar el entusiasmo del pueblo en las dos capitales, y su permanencia inesperada en Moscú contribuye de un modo eficaz a la organización de la futura resistencia del país.
La situación del comandante en jefe se complica cada día más: Bennigsen, el gran duque y un buen número de generales permanecen a su lado para vigilar sus actos y sostener, si fuera preciso, su energía; pero Barclay de Tolly, creyéndose incesantemente vigilado por el emperador, redobla la prudencia y evita toda batalla.
El cesarevitch censura esta conducta, pronuncia la palabra traición y exige un encuentro inmediato. Lobomirsky, Bronnitzky, Vlotzky y otros alborotan tanto, que, con el pretexto de entregar al emperador documentos importantes, Barclay despacha, uno tras otro, a los ayudantes de campo generales polacos y entra en lucha abierta con el gran duque y con Bennigsen.
A pesar de la oposición de Bagration, los ejércitos se reúnen al fin en Smolensko.
Bagration llega en coche a la casa que ocupa Barclay, y éste se ciñe la banda para recibirle; pero, en un impulso patriótico de abnegación, se somete a Barclay, lo cual no le impide opinar de distinto modo que él. Mantiene correspondencia directa con el emperador, y escribe a Araktcheieff lo siguiente. “A pesar del deseo de mi soberano, no puedo continuar más tiempo al lado del ministro -que de este modo llamaba a Barclay-. En nombre de Dios, enviadme a cualquiera parte o confiadme el mando de un regimiento; pero, por favor, sacadme de aquí. En el cuartel general hay exceso de alemanes que hacen la vida imposible a los rusos; es un barullo completo. Creía servir al emperador y la patria, pero es lo cierto que sólo sirvo a Barclay. No le serviré más; lo declaro francamente.” Los Bronntizky y los Wintzingerode han arrojado la manzana de la discordia entre los comandantes en jefe, impidiéndoles toda unidad de acción. Llega el momento de atacar a los franceses delante de Smolensko; envían un general para examinar la posición y ese general, enemigo de Barclay, pasa el día en casa de los comandantes de cuerpo, y, a su regreso, da un informe desfavorable sin haber visto siquiera el campo de batalla.
Mientras se intriga y se discute cual es el lugar más a propósito para el encuentro, y se procura descubrir dónde están los franceses, éstos caen sobre la división de Neverovsky y llegan hasta colocarse bajo los muros de Smolensko.
No se puede vacilar; para salvar nuestras comunicaciones es necesario combatir. Miles de hombres caen en la contienda y Smolensko queda abandonada contra la soberana voluntad y contra el deseo del pueblo. Los habitantes, engañados por el gobernador, incendian la ciudad. Arruinados y no acordándose más que de sus desdichas personales, se dirigen a Moscú para servir de ejemplo a sus hermanos y excitarles al odio al invasor. Mientras tanto sigue retirándose nuestro ejército, y Napoleón continúa avanzando sin sospechar el peligro que le amenaza... Y de este modo quedaron decididas la pérdida del emperador de los franceses y la salvación de Rusia."
lunes, 14 de noviembre de 2011
Elena Undone
Hará unos veinte años atrás, me dije que tenía todo lo que podía desear y no deseaba más, excepto libros.
Después se me compartió el gusto por la música y las películas.
Adoro algunas cintas, me encantan otras tantas canciones, y continúo amando los libros.
Hasta antes de un lustro atrás nunca había puesto atención a, cuando veía una película, fijar mi gusto en si la película era doblada al español o subtitulada, aunque creo que todas o casi todas deben haber sido subtituladas (soy un producto de Hollywood).
Por ese entonces se desveló definitivamente quien cambiaría mi vida para siempre. Ahora solo veo películas subtituladas. Y vivo con la confianza de escuchar en cualquier momento la risa de La Cascada Que Cae Riendo… en algún lugar del Laberinto.
Pero me he desviado casi completamente de lo que deseo traer a cuento hoy: tres películas que recién he visto; bueno, dos y una serie de televisión. Las dos cintas son americanas, la serie de televisión es alemana. Las tres van sobre un mismo tema, tema que durante toda mi vida, si bien no desconocí, si me fue hasta un cierto grado indiferente. Ahora el tema me involucra.
Las películas se titulan Loving Annabelle y Elena Undone, la serie de tv se titula Verbotene liebe (Forbidden love).
Si tienen oportunidad, véanlas.
Mientras que en otras partes del mundo, los asuntos alrededor de este tema giran en relación no ya a si es o no aceptable socialmente (se da por concluido que lo es), sino solo a su manejo social. Acá, en México, en su mayor parte seguimos no ya siquiera cuestionando su manejo social, sino a veces con el desatino de aventurarnos a plantear meros absurdos legales al respecto. Como casi siempre, México mira su ombligo, muy presuntuoso de sus tradiciones, tradiciones muchas que son meras costumbres desafortunadas.
Según el dicho popular, todos somos guadalupanos; siéndolo o no, debemos corregir a la iglesia y al Estado el que vayan condenando a nuestros hijos e hijas por tener el arrojo de pensar y decidir por sí mismos. Después de un par de siglos, seguimos en lo mismo. México tan moderno, y sin embargo tan tan atrasado (aquí viene siempre a mi mente la imágen de la mujer que defiende a su marido cuando la va golpeando: “¡Déjenlo, que él me puede pegar, para eso es mi marido!”).
En verdad, sabiendo que hay quienes gustan de los zapatos de color café, de quienes gustamos de los zapatos de color negro, de quienes gustan de los zapatos sin agujetas, de quienes solo disfrutan usando tenis, o de quienes usan zapatillas ¿puede en verdad alguien decir que unos u otros son mejores por el solo hecho de diferenciar su preferencia por los zapatos?
Por desgracia, hay muchos que creen que sí, que sí pueden diferenciar si alguien es mejor o no por sus meros gustos o preferencias. Y no solo creen que pueden diferenciarles, incluso creen que pueden juzgarles dignos o no de tener derechos. Que tontera.
La decencia, el decoro, se torna entonces en hipocresía disfrazada.
PD Por cierto, no puedo pasar sin agradecerlo públicamente: un viejo amigo ha regresado a mis manos después de haber ido literalmente de un lado al otro del océano. Mi gratitud a una de las más preciosas Brujas que he conocido, a la que le prometí contarle la historia de este libro, y el por qué de su significado para mí. Espero el momento de estar en su compañía, tomando un café, y relatarle esa historia.
PPD A propósito, me has reclamado el que no he venido siquiera a decir que estoy bien, pero, de la misma forma, puedo yo reclamarte lo mismo. X
Después se me compartió el gusto por la música y las películas.
Adoro algunas cintas, me encantan otras tantas canciones, y continúo amando los libros.
Hasta antes de un lustro atrás nunca había puesto atención a, cuando veía una película, fijar mi gusto en si la película era doblada al español o subtitulada, aunque creo que todas o casi todas deben haber sido subtituladas (soy un producto de Hollywood).
Por ese entonces se desveló definitivamente quien cambiaría mi vida para siempre. Ahora solo veo películas subtituladas. Y vivo con la confianza de escuchar en cualquier momento la risa de La Cascada Que Cae Riendo… en algún lugar del Laberinto.
Pero me he desviado casi completamente de lo que deseo traer a cuento hoy: tres películas que recién he visto; bueno, dos y una serie de televisión. Las dos cintas son americanas, la serie de televisión es alemana. Las tres van sobre un mismo tema, tema que durante toda mi vida, si bien no desconocí, si me fue hasta un cierto grado indiferente. Ahora el tema me involucra.
Las películas se titulan Loving Annabelle y Elena Undone, la serie de tv se titula Verbotene liebe (Forbidden love).
Si tienen oportunidad, véanlas.
Mientras que en otras partes del mundo, los asuntos alrededor de este tema giran en relación no ya a si es o no aceptable socialmente (se da por concluido que lo es), sino solo a su manejo social. Acá, en México, en su mayor parte seguimos no ya siquiera cuestionando su manejo social, sino a veces con el desatino de aventurarnos a plantear meros absurdos legales al respecto. Como casi siempre, México mira su ombligo, muy presuntuoso de sus tradiciones, tradiciones muchas que son meras costumbres desafortunadas.
Según el dicho popular, todos somos guadalupanos; siéndolo o no, debemos corregir a la iglesia y al Estado el que vayan condenando a nuestros hijos e hijas por tener el arrojo de pensar y decidir por sí mismos. Después de un par de siglos, seguimos en lo mismo. México tan moderno, y sin embargo tan tan atrasado (aquí viene siempre a mi mente la imágen de la mujer que defiende a su marido cuando la va golpeando: “¡Déjenlo, que él me puede pegar, para eso es mi marido!”).
En verdad, sabiendo que hay quienes gustan de los zapatos de color café, de quienes gustamos de los zapatos de color negro, de quienes gustan de los zapatos sin agujetas, de quienes solo disfrutan usando tenis, o de quienes usan zapatillas ¿puede en verdad alguien decir que unos u otros son mejores por el solo hecho de diferenciar su preferencia por los zapatos?
Por desgracia, hay muchos que creen que sí, que sí pueden diferenciar si alguien es mejor o no por sus meros gustos o preferencias. Y no solo creen que pueden diferenciarles, incluso creen que pueden juzgarles dignos o no de tener derechos. Que tontera.
La decencia, el decoro, se torna entonces en hipocresía disfrazada.
PD Por cierto, no puedo pasar sin agradecerlo públicamente: un viejo amigo ha regresado a mis manos después de haber ido literalmente de un lado al otro del océano. Mi gratitud a una de las más preciosas Brujas que he conocido, a la que le prometí contarle la historia de este libro, y el por qué de su significado para mí. Espero el momento de estar en su compañía, tomando un café, y relatarle esa historia.
PPD A propósito, me has reclamado el que no he venido siquiera a decir que estoy bien, pero, de la misma forma, puedo yo reclamarte lo mismo. X
viernes, 14 de octubre de 2011
Mi sueño espacial
Desde el balcón apenas puede decirse que algo se veía allá, del otro lado del mar. Fue más bien escuchar la radio lo que hizo que todos se enteraran de que el despegue había sido todo un éxito.
El licenciado Pérez, después de hacer como que algo había podido ver desde el balcón, tomando un gesto adusto regresó al salón.
Con un audible clic alguien apagó la radio.
En el salón, de techo alto, sostenido con vigas de madera, con paredes pintadas de color verde muy claro, los cuchicheos cesaron.
-Como habrán podido ver -empezó diciendo -, nuestros vecinos acaban de tomar la delantera con éxito -dijo señalando hacia el balcón -. Primero los rojos pusieron un hombre en el espacio. Ahora los gringos van camino de poner un hombre en la luna -. Pero nosotros no nos quedaremos atrás ¡no señor! Como todos ustedes saben, que para eso fueron citados, he recibido instrucciones del mismísimo señor Presidente de la República -y aquí señaló hacia el teléfono que estaba sobre una mesita, en una esquina de la habitación (uno de los veinticinco que había en todo el pueblo)-. Se le ha concedido a la ciudad de Catalina de las Tunas el alto honor de encabezar la que pasará a ser la más famosa institución de la patria -aquí hizo una pausa para darle dramatismo a la noticia-: la Agencia espacial nacional.
Las enhorabuenas no se hicieron esperar, y hasta uno o dos de los presentes aplaudieron. Todo fueron apretones de mano felicitándose los unos a los otros.
Después de dar un espacio para las felicitaciones, el licenciado Pérez continuó:
-Nos hemos de dar a la tarea, ipso facto, de formar la Mexican aeronautic and space administration, la MASA, como ya la ha nombrado así el director Lagunas aquí presente -dijo señalándolo -, nuestro ilustre Secretario de ciencias. Que no deberá confundirse con la agencia de los gringos –terminó diciendo, levantando un dedo para enfatizar.
Todos los presentes dirigieron la mirada hacia el susodicho, asintiendo, dando su aprobación, con lo que hicieron que el director Panfilo Lagunas se ruborizara ya que, después de haber sido consultado el primer momento por el licenciado Pérez acerca de cómo llamar a la que sería la agencia espacial, y después de consultar en el Libro de texto oficial del tercer año de secundaria, sin quebrarse mucho la cabeza decidió que una cosa bonita era seguir las tradiciones, pero que daría más lustre a su fama de hombre ilustrado, eso de llamar la agencia en inglés, la MASA.
-Como todos están enterados, y si no lo estaban, ahora sí lo están –continuó el licenciado Pérez -, he girado instrucciones a nuestro Secretario de economía, el licenciado Torreblanca, aquí presente –dijo señalándolo -, para que se dé a la tarea de establecer la partida inicial para la creación de la MASA.
El licenciado José Guadalupe Torreblanca, no fue tan afortunado como lo había sido el director Lagunas en recibir la aprobación de los presentes, ya que todos adivinaron, y adivinaron bien, que las demás partidas que componían el exiguo presupuesto, que era como decir sus respectivos bolsillos, se verían mermadas en beneficio de esta nueva partida.
El licenciado Torreblanca, que como siempre no perdía la oportunidad de decir algo, aunque no tuviera nada que decir, dijo:
-Gracias Señor licenciado, colegas –empezó mirando primero al licenciado Pérez y después dirigiéndose a todos los demás -. Como es del conocimiento de todos ustedes nuestro presupuesto no es muy grande, la cobija no se puede estirar mucho. Así que después de haber consultado con los directores de las distintas áreas de la Secretaría a mi cargo, me inclino por establecer un nuevo impuesto. Este nuevo impuesto lo hemos llamado Impuesto tecnológico. Mandamos hacer sellos a la papelería El bicolor, y ya se está cobrando junto con todos los demás impuestos. Este impuesto evitará que se refleje dentro de las finanzas macroeconómicas de Catalina de las Tunas un desequilibrio que pudiera conducirnos a un período de inestabilidad financiera que…
-Bueno, bueno –le interrumpió el licenciado Pérez a quien eso de empezar a hablar de nuevos impuestos en público le daba mala espina pensando en los votantes. Siempre era mejor a la hora de la hora cobrar los impuestos, viejos y nuevos, sin mayor alboroto, que ponerse a anunciarlos. Era mejor limitarse al dicho: lo cáido, cáido.
-Ya hablaremos más en detalle de esas minucias financieras en otro momento – con lo que todos los presentes suspiraron aliviados de verse librado del discurso que el licenciado Torreblanca se disponía a endilgarles, aunque preocupados por la mención de ese nuevo impuesto que ya estaban cobrando. Todos tomaron nota mental de, al regresar a casa, no olvidar decirle a la esposa que, antes de pagar cualquier cosa, primero debía leer lo que estaba pagando ¡no fuera a ser que ya estuvieran pagando el dichoso impuesto y ellos ni por enterados!
-Ahora lo importante, que para eso se les mandó llamar –continuó diciendo el licenciado Pérez -, es formalizar el Comité técnico que comenzará a operar la MASA. El director Lagunas, como titular de la Secretaría de ciencias va a encabezar este Comité, bajo mi dirección por supuesto –dijo cediendo la palabra al director Lagunas.
-Primero, conforme la pertinencia política dicta –comenzó el director Lagunas -, la Secretaría a mi cargo, con la aprobación del Señor Presidente municipal, a partir de ya ha pasado a llamarse Secretaría de ciencia y tecnología –dijo haciendo énfasis al pronunciar la “y” -. Y para ir avanzando he encomendado a nuestro director de química y biología, el profesor Abundes que nos haga una exposición de los avances tecnológicos con que contamos y que servirán de base para futuras investigaciones que nos colocarán a la cabeza de la carrera espacial. Si nos hace el favor, profesor Abundes – dijo dando paso al profesor Felipe Abundes.
El profesor Abundes, al que con anticipación se le había encargado preparar una breve exhibición con la que daría inicio la presencia espacial de Catalina de las Tunas a nivel mundial, se adelantó hacia la mesa llevando una bolsita del mandado de la que sacó una cajita de cartón, sin tapa, casi totalmente llena de un polvo amarillento, del que cayó un poquito sobre la mesa.
El profesor Abundes se levantó los anteojos, que más tardaba en levantarlos que de nuevo resbalaban hasta quedar a punto de caer de su nariz, y comenzó:
-Gracias director Lagunas, Señor presidente municipal –dijo dirigiéndose a uno y a otro -, señores. Antes que nada deseo mencionarles que lo que en seguida verán no es sino una prueba muy superficial de nuestros conocimientos científicos, que ha sido preparada lo mejor posible dada la premura de ponernos en marcha en la carrera espacial. Ésta, a escala – dijo señalándoles la cajita de cartón -, es lo que técnicamente denominamos una plataforma de soporte y lanzamiento. Está construida de materiales muy resistentes al fuego y a la presión, con una estructura lo suficientemente rígida –dijo al tiempo que clavaba en el polvo un palito que había sacado de su saco -, para sostener el vehículo de exploración espacial. Como podrán ver…
-¿Es una caja de cartón, profesor Abundes? –interrumpió preguntando el licenciado Deltoro, titular de la Secretaría de comercio.
-Eh, sí. Verán, habíamos preparado una cosa un poco más formal, de madera, pero en un descuido uno de mis hijos le puso ruedas, un hilo con que jalarla y, en fin… Hemos debido improvisar.
-Y, ese polvo –preguntó el director Lagunas - ¿qué material es?
-Bueno, en realidad no es nada –contestó el profesor Abundes moviendo la mano para restar importancia al asunto –, es harina que tomé de la cocina de mi esposa, solo sirve para darle peso a la caja y sostener el palo, el soporte de anclaje quiero decir. Ahora, si me permiten continuar – siguió el profesor Abundes en un tono un poco molesto ya que comenzaba a enfadarse ante las interrupciones -, ésta es solamente una maqueta de demostración. Sobre la plataforma se sitúa el cohete que llevará al espacio el vehículo de exploración. Pablito, por favor, pásamelo –dijo dirigiéndose a un muchachito que se había quedado en la puerta.
Pablito, un chiquillo vivaracho, el estudiante más adelantado en química y consentido de la maestra Dorotea, que siempre veía con malos ojos al que osara llamarla por su nombre y no por Dorothy, que era como le gustaba que la llamaran, se adelantó y entregó al profesor Abundes una figura de plástico de unos veinte centímetros de alto.
-Eso es un muñeco, un Mickey Mouse –dijo el licenciado Pérez, que le gustaba presumir de haber llevado a sus hijos a Disneylandia en alguna ocasión.
-Eh, sí. Verán, para esta demostración habíamos pensado en utilizar una imagen de la Virgen, por aquello de que bendijera el comienzo de la carrera espacial de Catalina de las Tunas, pero después pensamos que… eso de prenderle fuego a la virgencita…
-Pues, como que no ¿verdad? –dijo el Padre Pompeyo, quien también había sido invitado a la reunión, alarmado de pensar siquiera en semejante sacrilegio.
-Pues sí, como que no – terminó el profesor Abundes -. En fin, si podemos continuar. Éste –dijo recargando la figura de plástico en el palito, sobre la caja de harina -, representa el cohete de exploración espacial. El cohete contiene combustibles muy explosivos, algo así como gasolinas de otro tipo, suficientes para llevar el vehículo de exploración espacial al espacio. Esta maqueta la hemos llenado de pólvora para la presentación.
-Válgame Dios –interrumpió escandalizado el Padre Pompeyo - ¿y habían pensado llenar de pólvora la imagen de la Virgen?
El silencio con que respondió el profesor Abundes fue más elocuente que cualquier otra respuesta que se le pudiera haber ocurrido.
-Contando con un presupuesto suficiente –continuó el profesor Abundes -, pensamos en comprar unas cinco computadoras, mediante la intermediación del licenciado Deltoro, y con la ayuda de Pablito, quién desde ahora está estudiando computación (a Pablito le habían dejado estudiar el libro Linux para Dummies que el director Lagunas había encargado a la capital apenas la víspera), esperamos que en un año o a lo sumo dos, contaremos con la capacidad técnica necesaria para enviar al espacio nuestro primer cohete de pruebas. Para esto, los talleres de la escuela, de herrería, de dibujo y de electricidad, ya están trabajando en el diseño y fabricación de ese cohete de pruebas. Por su parte, al taller de costura y confección se le ha dado la tarea de confeccionar los trajes espaciales. Teniendo todo esto, todo lo demás se resume en apretar el botón, o, si me permiten en este caso, a encender la mecha –terminó el profesor Abundes, tras de lo cual encendió un cerillo y teatralmente lo acercó a la mecha que salía por debajo de la figura de plástico.
Y la representación del cohete salió disparada… hasta el techo, donde rebotó y cayó al piso, casi encima del Secretario de salud, y de ahí fue el pandemónium. El muñeco, bien relleno de pólvora, fue de un lado al otro de la habitación, como buscapiés en un día de feria de la Inmaculada. Todo mundo pegó de saltos evitando salir chamuscado.
Medio restablecido el orden después de que Pablito de un escobazo despachurrara la corretiza de la maqueta de cohete espacial, y antes de que todos pudieran componerse, se presentó en la puerta del salón la señora de la casa, todavía sosteniendo la cuchara de madera con la que estaba revolviendo el chocolate para la cena cuando escuchó el ruidero.
-¡Martín! ¿Pues qué carambas estás haciendo que están armando semejante jolgorio?
-Nada, mujer, no es nada –respondió el licenciad Pérez -, yo me encargo.
-¡Que te encargas tú ni que tus narices! ¡Y ya está bueno! –siguió Doña Matilde, que tenía muy buenas migas con las señoras Secretarias, no así con sus respectivos maridos – A ver si tú y todos tus buenos para nada terminan su relajito –dijo Doña Matilde fulminando a unos y a otros, hasta que se topó con el Padre Pompeyo -. Usted no Padrecito, ya sabe que esta es su casa. ¿Pues qué carambas están haciendo? –preguntó viendo el desorden.
-Nada, mujer, nada, ya te dije –contestó el licenciado Pérez, que no le gustaba que ante sus subordinados su mujer mostrara quien mandaba en su casa -. Déjanos y sigue con tus cosas.
-¡Pues será nada, pero me terminas con tu relajo ahoritita! –dijo chasqueándole los dedos al licenciado Pérez. Después de un momento en que olió la pólvora quemada, se le iluminaron los ojos a Doña Matilde- ¡Ándale! ¡No me digas que andas con tu chorrada esa del espacio! Pero si ya de la capital te llamaron para decirte que terminaras con tu tontera esa de andar pidiendo dinero para tu agencia espacial esa…
-Ya, mujer ¡ya! –dijo mostrando fastidio el licenciado Pérez -. Tú no sabes de estas cosas. Señores, será para la siguiente vez que nos reunamos cuando terminemos con los detalles que quedan pendientes. Ahora, si me disculpan, debo ir a poner orden en la casa.
-¡Mira, tú¡ -dijo Doña Matilde que, como toda buena mujer, siempre debía decir la última palabra - ¡Pues sería buena cosa que empezaras a poner orden en la casa! ¡A ver si así al menos ayudas a barrer! ¡Y me terminas tu relajito a la de ya, o te me vas a dormir con el perro!
-¡Mira, tú¡ -dijo Doña Matilde que, como toda buena mujer, siempre debía decir la última palabra - ¡Pues sería buena cosa que empezaras a poner orden en la casa! ¡A ver si así al menos ayudas a barrer! ¡Y me terminas tu relajito a la de ya, o te me vas a dormir con el perro!
viernes, 29 de octubre de 2010
Copiar no es robar
No al ACTA de control de archivos, que impondrá cancelación de Internet a quienes comparten archivos o los descargen..., además de obligar a las empresas de contenido y proveedoras de Internet a mantener información privada de los usuarios, poniéndola a disposición de la justicia sin necesidad de juicio; además de imponer otras limitaciones para producir textos y contenidos sin pasar por la censura.
"... se trata de repensar el valor del derecho de autor y las formas de rentabilizarlo, sin ir en contra de las libertades individuales, sin ir en contra del derecho a la privacidad, y el derecho al acceso a la información cultural, es como que nadie en el mundo hubiera visto el cuadro de Leonardo DaVinci salvo los que hubieran podido pagar la entrada al Museo del Louvre en París."
Michael Geist, profesor de leyes, especializado en Internet de la Universidad de Ottawa, Canadá.
"¿Cuál es la finalidad del arte y cuál es el interés real del artista?
¿Es el interés del artista hacerse rico y vivir toda su vida de una obra que hizo cuando tenía 20 años?
Si así fuera ¿por qué no puede pasar lo mismo con un albañil, o con un constructor, con un arquitecto o con un carpintero?"
"... Una cosa es ganar dinero con el arte y otra muy diferente es impedir que el arte llegue a los que no pueden pagarlo..."
Imagina un mundo en donde nadie podrá copiar o compartir algo en Internet. Imagina a los niños de hoy que no conocerán el Internet como lo conocemos nostros.
INTERNET DEBE SER LIBRE.
Discusión del ACTA en Warez
jueves, 22 de julio de 2010
¿Hasta cuándo las encarcelaremos por el "delito" de abortar?
“El poder femenino pertenece al género, al grupo social
de las mujeres. Cada mujer desarrolla de manera diferencial,
como todos los oprimidos, el potencial de poder surgido de
lo que da al opresor. Así, bajo la dominación, los oprimidos
son poderosos porque tienen aquello de lo cual carece, a la
vez que necesita, quien tiene atributos considerados esencia
del poder.”
Los cautiverios de las mujeres; madresposas, monjas, putas, presas y locas.
Marcela Lagarde
(extracto en Espacio Feminista)
¿Cuántos años son necesarios para reconocer el derecho de la mujer a decidir por sí misma y sobre sí misma?
¿Medio siglo? ¿Cuarenta años serían suficientes?
Al parecer, no.
Así que debemos seguir insistiendo sobre el tema. Es irracional que en un país como el nuestro, o para el caso en cualquier otro país, en este siglo XXI, aún sigan los políticos viviendo en el oscurantismo y, lo que es peor, obligando a la población a vivir en ese oscurantismo. Sean de la corriente que sean pero, en este caso, los azules del PAN se van dando vuelo con hipócritas golpes de pecho de por medio.
Me niego a ser parte de este absurdo.
Valery Giscard d’Estaing, indudablemente un estadista, y no un titiritero.
Copio a continuación el artículo publicado este lunes 19 de julio por Lydia Cacho, y otro publicado por el profesor Juan María Alponte el 31 de agosto del 2008, y por último una nota publicada el miércoles 21 de este mismo julio (resumo los tres) (los resaltes son míos)
Nota: tanto griterío por lo que pasa allende la frontera, en Phoenix, y ¿de brazos cruzados por lo que pasa acá al lado, en Guanajuato?
Lydia Cacho:
“Muertas, presas o sumisas, parece ser el eslogan político del gobernador de Guanajuato Juan Manuel Oliva, adalid de la ultraderecha que pretende crear en Guanajuato el modelo de políticas públicas que una facción del PAN quiere para todo México.
Guanajuato es el estado con el más alto índice de suicidios del país. Cientos de jóvenes se han quitado la vida luego de enfrentarse a relaciones violentas sin salida, a un ambiente sociopolítico represor, persecutorio, que les arrebata alternativas de vida y libertad. El asesinato de homosexuales y la hostilidad en su contra han sido documentados. Coludido con el congreso estatal, el gobierno de Oliva se niega a aprobar la ley de acceso a las mujeres a una vida libre de violencia, que por decreto federal todos los estados aprobaron. Ser mujer o joven en Guanajuato es un peligro y el estado hace todo para acotar libertades y limitar la educación, con un tinte religioso ortodoxo.
Contraviniendo la norma oficial de la Secretaría de Salud, el gobierno prohibió la venta de anticonceptivos de emergencia en el 2009, promueve la abstinencia, desacredita el uso del condón y de anticonceptivos. El reportaje de Cristina Pérez en EL UNIVERSAL (“Guanajuato: sin derecho a disentir”) revela que en 2007 se registraron 81 mil 103 embarazos adolescentes en Guanajuato, y para 2009 el número ascendió a 97 mil 700. Asegura que 190 mujeres fueron denunciadas por abortar y nueve se encuentran en prisión purgando penas por homicidio, como producto del aborto. Primero les quitan la educación y protección y luego las castigan por no tenerla ni usarla.
… A pesar de las estadísticas el gobierno panista decretó la desaparición de los Centros de Atención a Víctimas bajo el precepto de que las mujeres deben aprender a convivir y evitar el divorcio. Así, el gobierno de Oliva envía el mensaje oficial de que la violencia intrafamiliar es permitida y que los maridos tienen derecho a maltratar a sus parejas impunemente como si se tratase de un asunto privado.
Hace años que la sociedad civil de Guanajuato ha denunciado la creciente represión en el estado que prohijó a Vicente Fox y que cuenta con vehementes representantes de la organización de ultraderecha El Yunque.
La directora del Instituto de la Mujer habló sobre falta de valores morales ejemplificando los males sociales con mujeres que se hacen tatuajes. El gobernador Oliva le respondió, no por defender la libertad de las gobernadas, sino porque sus hijas están tatuadas y aseguró que su prole sí tiene valores. Y si las hijas del góber pudoroso vivieran violencia doméstica, ¿aprobaría la ley? O si abortaran, ¿defendería el aborto?
Los gobiernos de Guanajuato y de Jalisco proyectan, y transforman en norma, una forma de pánico moral religioso trasnochado producto de la ignorancia. Es un falso conservadurismo propio de cacicazgos con una rigidez moral que imponen a la sociedad, pero que ellos no están dispuestos a asumir en lo personal y familiar. México ha reconocido como un problema de salud pública el grave el daño causado en mujeres, hombres e infantes por las dinámicas de la violencia dentro del hogar. Oliva y la facción que controla Guanajuato aplican una política regresiva plagada de ilegalidades contra la población, eso es lo verdaderamente inmoral”
Juan María Alponte:
“El 30 de julio de 1943, en la Francia de Vichy, “gobernada” por el mariscal Petain bajo estricta vigilancia del Ejército nazi que ocupaba el país, una lavandera fue ejecutada por haber abortado. La ley que definía ese acto era de 1920. El muy cristiano mariscal aceptó la ejecución. En 1971 Simone de Beauvoir —la compañera de Sartre el filósofo—, Delphine Seyring, Francoise Fabian, Christine Rochefort y otras 339 mujeres, en su mayoría célebres, reconocieron, en un escrito explosivo, que ellas habían abortado y, por tanto, estaban a disposición de la justicia. Decían: “La clandestinidad y las condiciones en que abortaban las mujeres son una infamia”. En 1972 el Tribunal de Menores de Bobigny juzgó a una joven de 16 años, violada, que abortó. La madre, que había sufrido lo mismo, asumió, ante el tribunal, su responsabilidad: “Jamás permitiría ver a mi hija sufriendo el calvario que yo conocí”. La reacción social fue de tal magnitud que Marie-Claire fue exculpada. “La ley —dijo la abogada Halimi— es mala, inmoral y caduca”: “mauvaise, inmorale, caduque…”.
El presidente Valery Giscard d’Estaing, católico y centrista, reconoció que no podía continuarse así. En sus Memorias lo explica: “El problema del aborto era difícil de tratar para mí. De educación y convicción católica, y muy ignorante de los datos médicos y sociológicos, había asistido, como todos, a la escalada en intensidad del problema… Las legislaciones liberales existían ya en los países vecinos, Inglaterra, Holanda, Suiza, que permitían a las mujeres (francesas) de condición elevada, con un rápido ir y volver que permanecía en el anónimo, resolver sus problemas. Las otras eran reducidas a la clandestinidad y al recurso de medios degradantes para la dignidad femenina y que comprometían, a menudo, su salud y dejaba secuelas sicológicas durables…
…No se podía permanecer así. La ley civil debe ser compatible con el estado real de la sociedad. No se trataba, como se ha dicho, de approuver el aborto, sino de transferir a la responsabilidad individual una parte de lo que era, hasta entonces, la ley colectiva. Cada uno debía respetar los imperativos de su conciencia o de su fe, pero no decidir por los demás”. Su ministra de Salud, la memorable Simone Veil, condujo el largo y áspero debate en la Asamblea francesa. Dice el presidente Giscard, que lo siguió con detenimiento. Simone Veil fue insultada y maltratada y, finalmente, cuando la vio llorar en la Cámara, la noche de la aprobación de la ley sobre el aborto, sintió que algo enorme acontecía: “Su imagen, llorando, conmovió —dice— a la opinión. Había sido tratada groseramente en un debate que, por otra parte, no había dejado de tener dignidad. Estaba rota de fatiga…”.
El jefe del Estado francés se entrevistó, sobre la ley del aborto, con dos papas, Pablo VI y Juan Pablo II. “Me hablaron de su ‘preocupación’, pero yo sentí que era réprobation; más marcada, todavía, en Juan Pablo II”. El hombre de Estado les dijo: “Yo soy católico, pero soy presidente de la República de un Estado laico. Yo no puedo imponer mis convicciones personales a mis ciudadanos, sino velar porque la ley se corresponda con el estado real de la sociedad francesa para que la ley pueda ser respetada y aplicada. Yo comprendo el punto de vista de la Iglesia católica y como cristiano la comparto. Juzgo legítimo que la Iglesia demande a los que practican su fe que respeten ciertas prescripciones. Pero no es la ley civil la que puede imponerlas… No he solicitado la respuesta de los papas por razones evidentes… pero les hice sentir un dilema, que era el mío, y que en la conciencia de mi función, tuve que resolver…”. La ley se aprobó el 20 de diciembre de 1974.”
El miércoles 17 se publicaba la siguiente nota:
“Liberan a mujer acusada de aborto
Abogados de la Clínica de Interés Público, División de Estudios Jurídicos (CIDE), litigaron el caso de Alma Yareli, quien a los 25 años quedó presa en el penal de San Miguel Allende.
Después de pasar tres años en prisión, por haber sufrido un aborto espontáneo, Alma Yareli Salazar S. recobró su libertad, al ser absuelta del delito de homicidio en razón del parentesco, según el Ministerio Público.
Al no acreditar la autoría criminal de Alma Yareli en la perpetración del delito, el magistrado de la Décima Sala Penal Unitaria del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Guanajuato, Miguel Valadez Reyes, revocó la sentencia condenatoria de 27 años y seis meses de prisión, que había sido dictada por el Juez Primero Penal de San Miguel de Allende, en el proceso penal A-265/2007.
"Salió limpia, pues no había delito que perseguir; fue recluida injustamente. Nomás que a ver quién le regresa sus tres años de vida por estar presa en San Miguel de Allende", comentó Verónica Cruz Sánchez, directora del Centro Las Libres, quien explicó que del año 2000 a la fecha 160 mujeres fueron denunciadas por el delito de aborto en Guanajuato.
…La inculpada expuso que en octubre de 2007, en el tercer trimestre del embarazo se le vino el producto mientras estaba sola en su casa, perdió el conocimiento (y no pudo ayudarla), y cuando despertó vio que se trataba de una niña que había muerto. Asustada, envolvió el producto en una sudadera y lo abandonó en la vía pública, explicó Cruz Sánchez.
El proceso penal describe que el 22 de octubre de 2007, "fue encontrada una persona del sexo femenino, al parecer, recién nacida" junto a un carro de tacos en la calle Calvario del centro de la ciudad de San Miguel de Allende.
…El médico legista Gerardo Mendiola Guerrero, perito de la Procuraduría de Justicia, después de examinar el cuerpo de la bebé en su aspecto externo e interno, concluyó que la muerte fue por "hipotermia".
En su declaración procesal, Alma Yareli negó el homicidio. Refirió que para noviembre esperaba que naciera su hija, pero de forma imprevista se le vino el producto, perdió el conocimiento y no pudo ayudarla.
La directora del Centro Las Libres condenó el estigma social a las mujeres que tienen un aborto, la crueldad y el aislamiento con el que son tratadas en Guanajuato, y la carga moral de por vida.
Verónica Cruz Sánchez informó que recurrirá ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que atraiga los casos de seis mujeres guanajuatenses que abortaron espontáneamente, pero que fueron condenadas hasta 30 años de prisión por el delito de "homicidio en razón de parentesco".
Explicó que la liberación de Alma Yareli, tres años después de estar recluida, abre la puerta de la justicia a las seis mujeres que siguen presas.
"Ellas no cometieron ningún delito y les fabricaron la prueba para poder condenarlas; tampoco son responsables del delito de aborto, ni siquiera lo intentaron, fue un accidente".
Citó a las sentenciadas por sus apellidos: Moreno, de 18 años de edad; Alarcón, de 23 años; Frías, de 35 años; Montoya, de 19 años; Juárez, de 18 años, y Rocha, de 19 años. Todas ellas inocentes y que injustamente están en la prisión por la política de criminalización al sexo femenino por parte del gobierno de Guanajuato, dijo.
Verónica Cruz expresó que los jueces las sentenciaron a la pena máxima de 35 años de prisión y con el recurso de apelación en segunda instancia, la que menor castigo tiene es de 25 años de prisión.
El Centro las Libres documentó con cifras que de 2000 a la fecha 160 mujeres fueron denunciadas por el delito de aborto en Guanajuato, siete de estas condenadas por homicidio y nueve que están pagando una sentencia por aborto.
Cruz Sánchez denunció que "el abuso de poder de quien procura y administra la justicia (Ministerio Público y jueces) llegó a sus límites en Guanajuato, a la exageración, al abuso del derecho penal, querían penalizar a las mujeres por el delito de aborto y terminaron sentenciándolas por homicidio en razón del parentesco", lo cual agrava la pena.”
“Qué mejor que esta tierra donde vio la luz nuestro movimiento
de Independencia, para tener esta Expo Bicentenario que nos
habla de nuestro presente y de nuestro glorioso pasado”
Guiándome por lo anotado en el presente post, sin duda Guanajuato va reflejando el pasado y el presente (al menos lo peor de ello), pero también sin duda, no representa en absoluto ni el futuro ni lo que el presente debería significar para nuestras hijas e hijos. Haciendo eco de lo dicho por el presidente Calderón, quizá sea el momento de nacer la independencia de ideas oscurantistas. Será bueno que en esa conferencia por la juventud piensen precisamente en la juventud.
de las mujeres. Cada mujer desarrolla de manera diferencial,
como todos los oprimidos, el potencial de poder surgido de
lo que da al opresor. Así, bajo la dominación, los oprimidos
son poderosos porque tienen aquello de lo cual carece, a la
vez que necesita, quien tiene atributos considerados esencia
del poder.”
Los cautiverios de las mujeres; madresposas, monjas, putas, presas y locas.
Marcela Lagarde
(extracto en Espacio Feminista)
¿Cuántos años son necesarios para reconocer el derecho de la mujer a decidir por sí misma y sobre sí misma?
¿Medio siglo? ¿Cuarenta años serían suficientes?
Al parecer, no.
Así que debemos seguir insistiendo sobre el tema. Es irracional que en un país como el nuestro, o para el caso en cualquier otro país, en este siglo XXI, aún sigan los políticos viviendo en el oscurantismo y, lo que es peor, obligando a la población a vivir en ese oscurantismo. Sean de la corriente que sean pero, en este caso, los azules del PAN se van dando vuelo con hipócritas golpes de pecho de por medio.
Me niego a ser parte de este absurdo.
Valery Giscard d’Estaing, indudablemente un estadista, y no un titiritero.
Copio a continuación el artículo publicado este lunes 19 de julio por Lydia Cacho, y otro publicado por el profesor Juan María Alponte el 31 de agosto del 2008, y por último una nota publicada el miércoles 21 de este mismo julio (resumo los tres) (los resaltes son míos)
Nota: tanto griterío por lo que pasa allende la frontera, en Phoenix, y ¿de brazos cruzados por lo que pasa acá al lado, en Guanajuato?
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Lydia Cacho:
“Muertas, presas o sumisas, parece ser el eslogan político del gobernador de Guanajuato Juan Manuel Oliva, adalid de la ultraderecha que pretende crear en Guanajuato el modelo de políticas públicas que una facción del PAN quiere para todo México.
Guanajuato es el estado con el más alto índice de suicidios del país. Cientos de jóvenes se han quitado la vida luego de enfrentarse a relaciones violentas sin salida, a un ambiente sociopolítico represor, persecutorio, que les arrebata alternativas de vida y libertad. El asesinato de homosexuales y la hostilidad en su contra han sido documentados. Coludido con el congreso estatal, el gobierno de Oliva se niega a aprobar la ley de acceso a las mujeres a una vida libre de violencia, que por decreto federal todos los estados aprobaron. Ser mujer o joven en Guanajuato es un peligro y el estado hace todo para acotar libertades y limitar la educación, con un tinte religioso ortodoxo.
Contraviniendo la norma oficial de la Secretaría de Salud, el gobierno prohibió la venta de anticonceptivos de emergencia en el 2009, promueve la abstinencia, desacredita el uso del condón y de anticonceptivos. El reportaje de Cristina Pérez en EL UNIVERSAL (“Guanajuato: sin derecho a disentir”) revela que en 2007 se registraron 81 mil 103 embarazos adolescentes en Guanajuato, y para 2009 el número ascendió a 97 mil 700. Asegura que 190 mujeres fueron denunciadas por abortar y nueve se encuentran en prisión purgando penas por homicidio, como producto del aborto. Primero les quitan la educación y protección y luego las castigan por no tenerla ni usarla.
… A pesar de las estadísticas el gobierno panista decretó la desaparición de los Centros de Atención a Víctimas bajo el precepto de que las mujeres deben aprender a convivir y evitar el divorcio. Así, el gobierno de Oliva envía el mensaje oficial de que la violencia intrafamiliar es permitida y que los maridos tienen derecho a maltratar a sus parejas impunemente como si se tratase de un asunto privado.
Hace años que la sociedad civil de Guanajuato ha denunciado la creciente represión en el estado que prohijó a Vicente Fox y que cuenta con vehementes representantes de la organización de ultraderecha El Yunque.
La directora del Instituto de la Mujer habló sobre falta de valores morales ejemplificando los males sociales con mujeres que se hacen tatuajes. El gobernador Oliva le respondió, no por defender la libertad de las gobernadas, sino porque sus hijas están tatuadas y aseguró que su prole sí tiene valores. Y si las hijas del góber pudoroso vivieran violencia doméstica, ¿aprobaría la ley? O si abortaran, ¿defendería el aborto?
Los gobiernos de Guanajuato y de Jalisco proyectan, y transforman en norma, una forma de pánico moral religioso trasnochado producto de la ignorancia. Es un falso conservadurismo propio de cacicazgos con una rigidez moral que imponen a la sociedad, pero que ellos no están dispuestos a asumir en lo personal y familiar. México ha reconocido como un problema de salud pública el grave el daño causado en mujeres, hombres e infantes por las dinámicas de la violencia dentro del hogar. Oliva y la facción que controla Guanajuato aplican una política regresiva plagada de ilegalidades contra la población, eso es lo verdaderamente inmoral”
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Juan María Alponte:
“El 30 de julio de 1943, en la Francia de Vichy, “gobernada” por el mariscal Petain bajo estricta vigilancia del Ejército nazi que ocupaba el país, una lavandera fue ejecutada por haber abortado. La ley que definía ese acto era de 1920. El muy cristiano mariscal aceptó la ejecución. En 1971 Simone de Beauvoir —la compañera de Sartre el filósofo—, Delphine Seyring, Francoise Fabian, Christine Rochefort y otras 339 mujeres, en su mayoría célebres, reconocieron, en un escrito explosivo, que ellas habían abortado y, por tanto, estaban a disposición de la justicia. Decían: “La clandestinidad y las condiciones en que abortaban las mujeres son una infamia”. En 1972 el Tribunal de Menores de Bobigny juzgó a una joven de 16 años, violada, que abortó. La madre, que había sufrido lo mismo, asumió, ante el tribunal, su responsabilidad: “Jamás permitiría ver a mi hija sufriendo el calvario que yo conocí”. La reacción social fue de tal magnitud que Marie-Claire fue exculpada. “La ley —dijo la abogada Halimi— es mala, inmoral y caduca”: “mauvaise, inmorale, caduque…”.
El presidente Valery Giscard d’Estaing, católico y centrista, reconoció que no podía continuarse así. En sus Memorias lo explica: “El problema del aborto era difícil de tratar para mí. De educación y convicción católica, y muy ignorante de los datos médicos y sociológicos, había asistido, como todos, a la escalada en intensidad del problema… Las legislaciones liberales existían ya en los países vecinos, Inglaterra, Holanda, Suiza, que permitían a las mujeres (francesas) de condición elevada, con un rápido ir y volver que permanecía en el anónimo, resolver sus problemas. Las otras eran reducidas a la clandestinidad y al recurso de medios degradantes para la dignidad femenina y que comprometían, a menudo, su salud y dejaba secuelas sicológicas durables…
…No se podía permanecer así. La ley civil debe ser compatible con el estado real de la sociedad. No se trataba, como se ha dicho, de approuver el aborto, sino de transferir a la responsabilidad individual una parte de lo que era, hasta entonces, la ley colectiva. Cada uno debía respetar los imperativos de su conciencia o de su fe, pero no decidir por los demás”. Su ministra de Salud, la memorable Simone Veil, condujo el largo y áspero debate en la Asamblea francesa. Dice el presidente Giscard, que lo siguió con detenimiento. Simone Veil fue insultada y maltratada y, finalmente, cuando la vio llorar en la Cámara, la noche de la aprobación de la ley sobre el aborto, sintió que algo enorme acontecía: “Su imagen, llorando, conmovió —dice— a la opinión. Había sido tratada groseramente en un debate que, por otra parte, no había dejado de tener dignidad. Estaba rota de fatiga…”.
El jefe del Estado francés se entrevistó, sobre la ley del aborto, con dos papas, Pablo VI y Juan Pablo II. “Me hablaron de su ‘preocupación’, pero yo sentí que era réprobation; más marcada, todavía, en Juan Pablo II”. El hombre de Estado les dijo: “Yo soy católico, pero soy presidente de la República de un Estado laico. Yo no puedo imponer mis convicciones personales a mis ciudadanos, sino velar porque la ley se corresponda con el estado real de la sociedad francesa para que la ley pueda ser respetada y aplicada. Yo comprendo el punto de vista de la Iglesia católica y como cristiano la comparto. Juzgo legítimo que la Iglesia demande a los que practican su fe que respeten ciertas prescripciones. Pero no es la ley civil la que puede imponerlas… No he solicitado la respuesta de los papas por razones evidentes… pero les hice sentir un dilema, que era el mío, y que en la conciencia de mi función, tuve que resolver…”. La ley se aprobó el 20 de diciembre de 1974.”
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El miércoles 17 se publicaba la siguiente nota:
“Liberan a mujer acusada de aborto
Abogados de la Clínica de Interés Público, División de Estudios Jurídicos (CIDE), litigaron el caso de Alma Yareli, quien a los 25 años quedó presa en el penal de San Miguel Allende.
Después de pasar tres años en prisión, por haber sufrido un aborto espontáneo, Alma Yareli Salazar S. recobró su libertad, al ser absuelta del delito de homicidio en razón del parentesco, según el Ministerio Público.
Al no acreditar la autoría criminal de Alma Yareli en la perpetración del delito, el magistrado de la Décima Sala Penal Unitaria del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Guanajuato, Miguel Valadez Reyes, revocó la sentencia condenatoria de 27 años y seis meses de prisión, que había sido dictada por el Juez Primero Penal de San Miguel de Allende, en el proceso penal A-265/2007.
"Salió limpia, pues no había delito que perseguir; fue recluida injustamente. Nomás que a ver quién le regresa sus tres años de vida por estar presa en San Miguel de Allende", comentó Verónica Cruz Sánchez, directora del Centro Las Libres, quien explicó que del año 2000 a la fecha 160 mujeres fueron denunciadas por el delito de aborto en Guanajuato.
…La inculpada expuso que en octubre de 2007, en el tercer trimestre del embarazo se le vino el producto mientras estaba sola en su casa, perdió el conocimiento (y no pudo ayudarla), y cuando despertó vio que se trataba de una niña que había muerto. Asustada, envolvió el producto en una sudadera y lo abandonó en la vía pública, explicó Cruz Sánchez.
El proceso penal describe que el 22 de octubre de 2007, "fue encontrada una persona del sexo femenino, al parecer, recién nacida" junto a un carro de tacos en la calle Calvario del centro de la ciudad de San Miguel de Allende.
…El médico legista Gerardo Mendiola Guerrero, perito de la Procuraduría de Justicia, después de examinar el cuerpo de la bebé en su aspecto externo e interno, concluyó que la muerte fue por "hipotermia".
En su declaración procesal, Alma Yareli negó el homicidio. Refirió que para noviembre esperaba que naciera su hija, pero de forma imprevista se le vino el producto, perdió el conocimiento y no pudo ayudarla.
La directora del Centro Las Libres condenó el estigma social a las mujeres que tienen un aborto, la crueldad y el aislamiento con el que son tratadas en Guanajuato, y la carga moral de por vida.
Verónica Cruz Sánchez informó que recurrirá ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que atraiga los casos de seis mujeres guanajuatenses que abortaron espontáneamente, pero que fueron condenadas hasta 30 años de prisión por el delito de "homicidio en razón de parentesco".
Explicó que la liberación de Alma Yareli, tres años después de estar recluida, abre la puerta de la justicia a las seis mujeres que siguen presas.
"Ellas no cometieron ningún delito y les fabricaron la prueba para poder condenarlas; tampoco son responsables del delito de aborto, ni siquiera lo intentaron, fue un accidente".
Citó a las sentenciadas por sus apellidos: Moreno, de 18 años de edad; Alarcón, de 23 años; Frías, de 35 años; Montoya, de 19 años; Juárez, de 18 años, y Rocha, de 19 años. Todas ellas inocentes y que injustamente están en la prisión por la política de criminalización al sexo femenino por parte del gobierno de Guanajuato, dijo.
Verónica Cruz expresó que los jueces las sentenciaron a la pena máxima de 35 años de prisión y con el recurso de apelación en segunda instancia, la que menor castigo tiene es de 25 años de prisión.
El Centro las Libres documentó con cifras que de 2000 a la fecha 160 mujeres fueron denunciadas por el delito de aborto en Guanajuato, siete de estas condenadas por homicidio y nueve que están pagando una sentencia por aborto.
Cruz Sánchez denunció que "el abuso de poder de quien procura y administra la justicia (Ministerio Público y jueces) llegó a sus límites en Guanajuato, a la exageración, al abuso del derecho penal, querían penalizar a las mujeres por el delito de aborto y terminaron sentenciándolas por homicidio en razón del parentesco", lo cual agrava la pena.”
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Por cierto, este mismo lunes 19 de julio, se inauguró la Expo Bicentenario Guanajuato”, Conferencia Mundial de la Juventud, con la presencia de Felipe Calderón H. que dijo:“Qué mejor que esta tierra donde vio la luz nuestro movimiento
de Independencia, para tener esta Expo Bicentenario que nos
habla de nuestro presente y de nuestro glorioso pasado”
Guiándome por lo anotado en el presente post, sin duda Guanajuato va reflejando el pasado y el presente (al menos lo peor de ello), pero también sin duda, no representa en absoluto ni el futuro ni lo que el presente debería significar para nuestras hijas e hijos. Haciendo eco de lo dicho por el presidente Calderón, quizá sea el momento de nacer la independencia de ideas oscurantistas. Será bueno que en esa conferencia por la juventud piensen precisamente en la juventud.
lunes, 28 de junio de 2010
¡Piensa un número!
“Si en mi mente existiera algo así
Como una meta única y final…
Ya la habría cruzado hace años.”
Uno de estos “test matemático” que van en internet por medio de las famosas cadenas:
“Checa con este test qué personaje importante del mundo es tu modelo a seguir.
-Piensa un número del 1 al 9,
-Multiplícalo por 3,
-Súmale 3,
-Vuélvelo a multiplicar por 3 (espero que no vayas por la calculadora),
-Obtendrás un resultado de 2 dígitos, súmalos entre si para que quedes con un solo dígito.
¿Listo?
Ahora revisa en la siguiente lista de personalidades, conforme al número que te resultó de estas operaciones, y descubre quién es tu modelo a seguir:
1. Albert Einstein
2. Nelson Mandela
3. Oprah Winfrey
4. George W. Bush
5. Bill Gates
6. Mahatma Gandhi
7. Brad Pitt
8. Barack Obama
9. Yop (o sea yo, RGL)
10. John F. Kennedy
Lo sé, lo sé... tengo ese efecto en la gente, algún día podrás ser como yo ¡créeme!
PD Deja de probar con diferentes números... ¡soy tu ídolo! Para siempre... “
Ahora, si bien es entendible que el mecanismo funciona sin variar ¿cuál es la razón de que funcione de esa manera?
Funciona de una forma muy sencilla...
Primero
Hay que notar una característica esencial en la tabla de multiplicar del nueve:
9x1=9
9x2=18
9x3=27
9x4=36
9x5=45
9x6=54
9x7=63
9x8=72
9x9=81
9x10=90
9x11=99------X
9x12=108
9x13=117
9x22=198-----X
Percatémonos que del 1 al 10 los dígitos producto de la multiplicación (el resultado) siempre suman 9 (cosa que no necesariamente sucede para números mayores a 10).
Ahora, el número en el que piensas, llamémosle “x” y sigamos los pasos:
1) multiplica por 3: 3x
2) súmale 3: 3x+3
(de hecho este paso no es necesario realizarlo, aunque si no se realiza no podríamos asegurar que el producto de la multiplicación -números del resultado- tenga 2 dígitos. Factorizando del paso (2): 3(x+1)
3) multiplica otra vez por 3: 9(x+1)
Retomando la tabla del 9, podemos asegurar que la suma de los dígitos del producto de la multiplicación anterior dará 9. Siempre y cuando x+1 se encuentre entre 1 y 10.
Entonces tomamos la ecuación 1<=x+1<=10
De donde 0<=x<=9
Así que de hecho podríamos tomar incluso un x=0 y seguiría dando el mismo resultado.
Más aun: si restringes el valor de x aun más, es decir eliminando el 0, podemos estar completamente seguros que el producto final será un número de 2 dígitos... y, por ende, múltiplo de 9.
Irving Gómez M.
Nota: Cuando pregunté por la explicación, pensé en obtener una respuesta sencilla (algo que pudiera entender), pero, fuera de la tabla de multiplicar del 9 ¿por qué es que los matemáticos se pueden complicar tanto la vida para darme una respuesta que me es inentendible¡? (RGL)
Nota solo para mí: la siguiente vez que algo le pregunte a Irving, cerciorarme de que la explicación me la dé con manzanitas y palitos.
Como una meta única y final…
Ya la habría cruzado hace años.”
Uno de estos “test matemático” que van en internet por medio de las famosas cadenas:
“Checa con este test qué personaje importante del mundo es tu modelo a seguir.
-Piensa un número del 1 al 9,
-Multiplícalo por 3,
-Súmale 3,
-Vuélvelo a multiplicar por 3 (espero que no vayas por la calculadora),
-Obtendrás un resultado de 2 dígitos, súmalos entre si para que quedes con un solo dígito.
¿Listo?
Ahora revisa en la siguiente lista de personalidades, conforme al número que te resultó de estas operaciones, y descubre quién es tu modelo a seguir:
1. Albert Einstein
2. Nelson Mandela
3. Oprah Winfrey
4. George W. Bush
5. Bill Gates
6. Mahatma Gandhi
7. Brad Pitt
8. Barack Obama
9. Yop (o sea yo, RGL)
10. John F. Kennedy
Lo sé, lo sé... tengo ese efecto en la gente, algún día podrás ser como yo ¡créeme!
PD Deja de probar con diferentes números... ¡soy tu ídolo! Para siempre... “
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Funciona de una forma muy sencilla...
Primero
Hay que notar una característica esencial en la tabla de multiplicar del nueve:
9x1=9
9x2=18
9x3=27
9x4=36
9x5=45
9x6=54
9x7=63
9x8=72
9x9=81
9x10=90
9x11=99------X
9x12=108
9x13=117
9x22=198-----X
Percatémonos que del 1 al 10 los dígitos producto de la multiplicación (el resultado) siempre suman 9 (cosa que no necesariamente sucede para números mayores a 10).
Ahora, el número en el que piensas, llamémosle “x” y sigamos los pasos:
1) multiplica por 3: 3x
2) súmale 3: 3x+3
(de hecho este paso no es necesario realizarlo, aunque si no se realiza no podríamos asegurar que el producto de la multiplicación -números del resultado- tenga 2 dígitos. Factorizando del paso (2): 3(x+1)
3) multiplica otra vez por 3: 9(x+1)
Retomando la tabla del 9, podemos asegurar que la suma de los dígitos del producto de la multiplicación anterior dará 9. Siempre y cuando x+1 se encuentre entre 1 y 10.
Entonces tomamos la ecuación 1<=x+1<=10
De donde 0<=x<=9
Así que de hecho podríamos tomar incluso un x=0 y seguiría dando el mismo resultado.
Más aun: si restringes el valor de x aun más, es decir eliminando el 0, podemos estar completamente seguros que el producto final será un número de 2 dígitos... y, por ende, múltiplo de 9.
Irving Gómez M.
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Nota solo para mí: la siguiente vez que algo le pregunte a Irving, cerciorarme de que la explicación me la dé con manzanitas y palitos.
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