lunes, 12 de abril de 2010

Antibióticos, prohibir su venta

Entonces lo mejor que se les pudo ocurrir es prohibir la venta de medicamentos, en este caso antibióticos, a la gente que no cuente con la receta médica respectiva amparando la necesidad de ese medicamento.

Suena bien, digo, por ejemplo yo, habitante de la principal ciudad de México. Si necesito comprar un antibiótico y no cuento con la receta médica, lo que puedo hacer es caminar unas cuatro o cinco cuadras y encontrar un médico (en cinco cuadras a la redonda hay cuatro médicos y tres dentistas) para que me extienda la receta (incluso puedo decirle al médico el nombre del medicamento, de tantos por cuantos miligramos). Regreso a la farmacia con la receta en mano y listo, compro el antibiótico. Pero entonces, estamos hablando de la Ciudad de México. Como esta ciudad existen, qué ¿cinco? ¿siete? ¿media docena? Digamos que media docena de ciudades como esta en la República Mexicana existen. Y eso representa entonces del abanico de ciudades existentes en México... ¿un cinco por ciento? ¿un diez por ciento? Digamos que un diez por ciento. Eso deja un universo de alrededor de un 90 por ciento de la población de México viviendo en poblados, pequeñas comunidades, rancherías y demás.

¿En verdad existe algún ingenuo que crea que toda esa gente que no vive en las principales ciudades de México tiene acceso a un médico? Farmacias seguramente habrá, de esas que además de vender medicinas venden barnices de uñas, pantimedias y monos de peluche. ¿Qué piensan que harán esas gentes que no pueden acudir a un médico simplemente porque no hay un médico al alcance? Dirán: bueno, ni modo, como no hay un médico cerca, y aunque exista una farmacia en el centro del pueblo con el medicamento necesario, pues me quedo enfermo y san se acabó. O me compongo o me muero (y así, considerando que puede ser un hombre, una mujer o un niño).

¿En dónde dejan el derecho de esos habitantes a la salud y a los medicamentos? ¿Mejor que se mueran a que puedan comprar un medicamento?

Acaso lo mejor alternativa que se les ocurre a los legisladores es prohibir la venta de algún artículo por “ser peligroso” (de ser así debieran ir pensando en prohibir la venta de automóviles, existen muchas personas que mueren por accidentes automovilísticos; e igual habría que prohibir la venta de cerillos, y de tanques de gas, y de....) ¿La mejor opción es volver al estado paternalista que nos dice que está bien y que está mal? ¿El Estado que nos considera ciudadanos con problemas mentales para enfrentar lo que es bueno y lo que es malo?

¿Acaso no es una mejor solución, mejor en todos los sentidos, educar a la población? ¿No es a educar a lo que debiera aspirar todo el aparato del Estado?
¿No es mejor educar a la población para que aprenda qué se puede meter a la boca y que no, a prohibirle el acceso a medicamentos, y por tanto a la salud?
En el peor de los casos ¿acaso los legisladores nunca han visto una caja de algún medicamento en que viene la dosis indicada y las contraindicaciones?

¿Cuándo tendremos un Estado de veras interesado en educar a la población y no simplemente en buscar prohibirle el acceso a todo lo que tiene derecho?

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