domingo, 10 de enero de 2010

Día de la Candelaria

"Como no puedo llorar, escribo,
como no puedo escribir, miro,
como miro tengo miedo.
Un miedo es una ruta,
sirve de puente hacia otro lugar de mí que desconocía.”
La princesa inca, blogspot


Hace unos días celebramos el ritual de partir la Rosca de Reyes. Y digo ritual porque es el estar todos reunidos alrededor de la rosca atentos a ver quién cortaba qué pedazo de la rosca y constatar a quién le salía el Niño Dios, el “monito” pues (que en esta rosca salieron dos patos, un cofre -que debió ser el cofre en el que los patos entregaron su presente al recién nacido- y justo un Niño Dios), no fuera a ser el caso que alguien con tal de librarse de traer los tamales escondiese el haberse sacado el “monito”.

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¿Han leído “Ben-Hur, Una historia de los Tiempos de Cristo”? Escrito por Lewis Wallace (1827-1905), que pisó Tierra Santa por vez primera después de haber escrito Ben-Hur.
     “[año 747 de Roma] Encuentro de los Magos [en el desierto]: el
     ateniense Gaspar, la fe; el hindú Melchor, el amor; y el egipcio
     Baltasar, las buenas obras.
     [en el desierto, a solas el viajero] -Vendrán... Quien me ha
     guiado, a ellos les guía.
     -... oí una voz de suavidad infinita que decía: … La redención está
     cerca. Con otros dos, de lejanas regiones de la tierra, verás al
     redentor y serás un testigo de que ha venido. Levántate mañana y
     ve a encontrarte con ellos; pon toda tu confianza en el Espíritu que
     te guiará.”
 La historia es cautivante. Todo él les recomiendo leer, aunque mi parte favorita de la historia (que traigo a cuento año con año) es este relato del encuentro de los Tres Reyes de Oriente. No puedo si no expresar mi total asombro y reverencia por ese tipo de fe.

     “Torvo fraile del templo solitario,
     que al fulgor de nocturno lampadario
     o a la pálida luz de las auroras
     desgranas de sus cuentas el rosario...
     ¡Yo quisiera llorar como tú lloras!
     Porque la fe en mi pecho solitario
     se extinguió como el turbio lampadario
     entre la roja luz de las auroras,
     y mi vida es un fúnebre rosario
     más triste que las lágrimas que lloras.”
     Onix (fragmento), Juan José Tablada

El libro cuenta la historia de Judá Ben-Hur, situada en los años en que Jesús vivió, desde su nacimiento hasta su crucifixión.
Llevada a la pantalla grande en 1959 (antes de que yo naciera) por la Metro-Goldwin-Mayer, estelarizada por Charlton Heston. En su momento fue la película más costosa nunca antes producida (duró cinco años su realización), mérito superado poco después por la cinta “Cleopatra” (que merece un aparte por sí sola, ya no digamos en consideración a mi adorada Elizabeth Taylor que la estelarizó). Fue la primera película en recibir once premios de la Academia.
Vaya, que es una de esas películas que recomiendo ver tanto como recomiendo leer la historia empastada.

Permítanme mencionar un argumento de otro libro: El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago.
El pasaje que traigo a colación relata aquel momento en Belén, cuando José es avisado ¿por un ángel? de que al poco se sucederá la matanza de los niños del pueblo ordenada por Herodes.
     “...Y la orden es matarlos a todos, A todos, no, sólo a los que
     tengan menos de tres años, Entre dos y cuatro años va a ser difícil
     saber exactamente cuántos años tienen, Y cuántos van a ser, …,
     Por el censo, dijo el jefe, serán unos veinticinco.”
Saca a relucir el cargo moral que debe haber pesado sobre José ante la disyuntiva de prevenir a los habitantes del pueblo sobre la amenaza que se les echa encima (independientemente de que le pudieran creer o no), o decidir poner a salvo a María y su hijo, sin alertar sobre la llegada de los soldados que llegan con tan funesta misión. No es poca cosa si pensamos que pudo haber tenido la posibilidad de elegir entre arriesgarse a intentar salvar a los niños de menos de tres años de Belén o el salvar a su hijo.
     “... era, sí, de nuevo en figura de pastor, aquel que en figura de
     mendigo se le había aparecido una y otra vez, aquel que hablando
     de sí mismo dijo ser un ángel, aunque sin precisar si del cielo o
     del infierno...
     -He venido solo para decirte..., todo lo que era necesario que
     ocurriera ha ocurrido ya, faltaban esas muertes, faltaba, antes de
     ellas, el crimen de José.
    -¿Qué crimen de José? -dijo María -Mi marido no ha cometido
     ningún crimen, es un hombre bueno.
    -Un hombre bueno que ha cometido un crimen, no imaginas
     cuántos hombres buenos lo han hecho antes que él, porque los
     crímenes de los hombres buenos no tienen número y, al
     contrario de lo que se piensa, son los únicos que no pueden
     ser perdonados.
     …
     -¿Qué hemos hecho nosotros? -dijo María.
     -Fue la crueldad de Herodes la que hizo desenvainar los puñales,
     pero vuestro egoísmo y cobardía fueron las cuerdas que ataron los
     pies y las manos de las víctimas.
     -¿Qué podía hacer yo?
     -Tú, nada, que lo supiste demasiado tarde, pero el carpintero
     podía haberlo hecho todo, avisar a la aldea de que venían de
     camino los soldados para matar a los niños, había tiempo
     suficiente para que los padres se los llevaran y huyesen, podían,
     por ejemplo, ir a esconderse en el desierto, huir a Egipto, a la
     espera de que muriese Herodes, que poco le falta ya.
     -No se le ocurrió.
     -No, no se le ocurrió, pero eso no es disculpa.
     -Tú, que eres un ángel, perdónalo -dijo María, llorando.
     -No soy ángel de perdones... Ya te he dicho que no hay perdón
     para este crimen, antes sería perdonado Herodes que tu marido,
     antes se perdonará a un traidor que a un renegado... Sobre la
     cabeza de los hijos caerá siempre la culpa de los padres, la sombra
     de la culpa de José oscurece ya la frente de tu hijo...”
   
No hay juez más inclemente que nuestra conciencia.

La cuestión ¿cómo supo María que quien le había hablado era un ángel y no un demonio? Fue ya en su tiempo planteada por el fraile dominico Bruno Giordano (1548-1600), quemado vivo por hereje tras permanecer siete años prisionero del Santo Oficio, bajo el cargo, entre otros, de haber siquiera considerado semejante pregunta.
     “Luego de las oraciones voy a la biblioteca. Antes de sentarme
     frente al pergamino, recorro los estantes acariciando el lomo de
     los libros con el dorso de la mano.
     ¿Qué conocimiento cautivo me aguarda en ellos?
     ...
     ¿Cómo distinguir un mensaje sublime del pérfido susurro de
     Satanás? ¿Y si las mujeres mencionadas en el Malleus Maleficarum,
     hubieran estado en contacto con el Universo Divino y no en un
     arrebato demoníaco?
     -... ¿pudo la Virgen confundir la voz?... ¿Cómo sabía ella que el
     enviado era del cielo?... ¿Las voces que escuchan las mujeres
     quemadas en la hoguera, ¿podrían ser una señal de las alturas?”
     Bruno Girdano, Laura Vit

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Entonces, después de celebrar la tradicional partida de rosca quedó claro quiénes iban a traer los tamales el dos de febrero.
Y esto en realidad es lo que deseaba traer a cuento desde un principio: el dos de febrero, Día de la Candelaria.
Siguiendo la tradición que sitúa el nacimiento de Jesucristo la noche del 24 de diciembre, 40 días después, el dos de febrero, se estaría celebrando la presentación del recién nacido ante la iglesia.
Quizá por eso encaja, como me ha mencionado Anya, el celebrar el Día de la Candelaria, haciendo alusión a la Luz de la Esperanza. Sin embargo ese celebrar el encender la Luz de la Esperanza ¿no encajaría mejor con precisamente el 24 ó el 25 de diciembre?
Ahora que si el Día de la Candelaria es festejar la aparición de la Virgen de la Candelaria, ocurrida en las Islas Canarias, ¿cómo encuadra celebrar el dos de febrero la aparición de la Virgen de la Candelaria sucedida el 15 de agosto? (que por otro lado me ha hecho ver Ira que ese día, el 15 de agosto, es el día de Santa Teresa) (por otra parte la agenda que llevo este año marca el 15 de agosto como la “Asunción de María”).

¿Alguien me puede explicar por qué es el Día de la Candelaria el Día de la Candelaria?

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Diametralmente ya en otro orden de ideas, me he encontrado, curioseando en internet como hago casi todas las mañanas, un video de tan solo poco menos de un minuto de duración: La Princesa Inca levita, en Perú.
La verdad es que a la primera vista llama la atención. Un truco de ilusionismo de esos que los ves y dices: hay truco… ahora ¿dónde está el truco? A primera vista, también, se hace evidente dónde está el truco. Pero el mérito de realizarlo ni quién lo discuta. ¿Acaso no la magia siempre es un entretejido muy fino de encanto, ilusión, actuación… y mucha creatividad? Además de que la chica es linda.
El truco incluso ha llegado a causar revuelo cuando ha sido presentado allá en Estados Unidos, a la vera de la Casa Blanca (claro que los gringos están más locos que una cabra).







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